ESTAMOS «ANIQUILANDO» LA COHERENCIA

people, collective, group-3285990.jpg

Hace unos días escuchaba a un señor hablar sobre la total ausencia de coherencia en la que la sociedad había entrado. De hecho, comentaba que estaba siendo aniquilada completamente, lo cual me hizo reflexionar y me llevó incluso a tener que revisar el verdadero significado de la misma: «la actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan».

Me resultó curioso tener esa necesidad de comprobar su significado. Es como si algo que siempre has tenido claro, al reflexionar sobre los límites de su significado y envuelto en el ruido incesante al que estamos sometidos desde hace unos cuantos años, hubiese comprobado que, tal vez, estaba equivocado.

Y es que, a pesar de tratar de mantener intacta tu actitud intentando ser lo más optimista posible, cada vez resulta más difícil encontrarte con aquello que tradicionalmente hemos denominado «coherencia».

Se puede ser diferente, pensar totalmente opuesto o estar en las antípodas respecto a tu forma de ver la vida, pero si esa persona se comporta y actúa conforme a los principios que defiende, siempre merecerá todo el respeto, o por lo menos, lo entiendo así.

El problema es que la sociedad ha acabado dándole valor simplemente a aquel que está contigo, a aquel que te da la razón, a aquel que es de tu bando, de tu doctrina, de tu tribu o de cómo narices te apetezca llamarlo, sin importarte si actúa de forma totalmente incoherente, lo hace por ignorancia, por interés o cambiaría esos principios por otros en el mismo instante en el que se contemplara un mínimo beneficio para él. Sin olvidarnos, que muchos no solamente lo aplaudirían, sino que además, lo verían como un movimiento «inteligente» o de «pillo», muy propio de nuestra cultura y por supuesto y tristemente, aplaudido.

A todo ello, hay que sumar esta corriente que nos abruma desde hace años en la que no existe una «única realidad» porque todos y cada uno de nosotros tenemos, sentimos e interpretamos la nuestra; lo cual es relativamente cierto y surgió con un bonito propósito de fomento de la libertad y la empatía, pero me pregunto ¿quién es capaz de aplicar coherencia y sentido común con tantas realidades conviviendo a la vez, con tanta información superflua y banal que nos envuelve y enreda cada día? ¿Quién tiene la valentía para mediar, ayudar o aplicar la justicia con coherencia en un mundo tan confuso, de tantas necesidades y exigencias emocionales, pero de tan poco compromiso y responsabilidad; y sin que nadie, absolutamente nadie, esté dispuesto a ceder, a cambiar o a perder? ¿Quién puede ser coherente con los demás y con todo aquello que promueve si antes no lo es consigo mismo y con su propio estilo de vida? ¿Quién puede aplicar un mínimo de coherencia si antes no es capaz de abandonar sus propios intereses y necesidades personales si ello supone un mayor beneficio para los demás? ¿Quién tiene los «cojones» de ser coherente aunque eso suponga «perder» o «renunciar» a aquello que le beneficia?

No sé quién, la verdad. Ni siquiera sé si realmente me importa o puede ayudar a cambiar esta inercia. En lo que, de momento, parece que todos coincidimos todavía es en el objetivo de ser felices, pero me resulta especialmente difícil alcanzar ese anhelado, placentero y bonito sentimiento sin experimentar de forma prolongada y mantenida en el tiempo lo que todos conocemos con el nombre de paz.

Lo verdaderamente curioso de todo ello es que resulta prácticamente imposible sentirse en paz y orgulloso del camino que recorremos a lo largo de nuestra vida si no somos capaces de ser coherentes. No podemos experimentar esa paz si no hay coherencia entre lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos; y tampoco podremos sentirnos orgullosos si no hay coherencia entre nuestras prioridades en la vida y el tiempo real que les dedicamos cada día.

En definitiva, nadie cuestiona que la felicidad es algo muy complejo, con connotaciones muy personales y que depende de muchos matices y detalles, pero si seguimos «aniquilando» e infravalorando la coherencia en nuestras vidas, estaremos perdiendo una fundamental herramienta individual y social hacia esa, siempre anhelada, felicidad.

Mientras tanto, esperemos no tener que ser juzgados, ya que la coherencia de nuestros actos dependerá, ya ni siquiera de las leyes, sino de la coherencia de aquel que le toque interpretarlas, porque hemos llegado al punto en el que la sociedad no se pone de acuerdo ni en juzgar aquellos hechos más graves y atroces como puede llegar a ser arrebatar el derecho a la vida de alguien en nombre de alguna causa que ignora, incluso, aquel al que se la han arrebatado.

Gracias por leer y compartir. Si te apetece dar tu opinión, ¡adelante!

Si te ha interesado este tema por algún motivo determinado, echa un vistazo a esto...

¿Te gustaría leer más artículos?

¿Te interesa la animación a la lectura? ¿Prevención acoso escolar? ¿Inteligencia emocional? ¿Autoestima? ¿Actitud ? ¿Inclusión?

Comparte en tus redes sociales...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para «permitir cookies» y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en «Aceptar» estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar